GALICIA—MADRID

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“Muy buenas tardes señores pasajeros, mi nombre es Aniceto García,  y en nombre de la compañía y en el mío propio les doy la bienvenida. Les informo de que el autobús está equipado con un baño que podrán utilizar en caso de necesidad. No duden en pedirme la llave, aunque les recuerdo que sólo es para servicios menores. Si lo desean también pueden disfrutar del vídeo, si no disponen de cascos de audio pueden pasar a recogerlos al precio de un euro. Por último les informo de que no está permitido fumar y si alguien se siente indispuesto, necesita bolsa para el mareo o si nota alguna circunstancia extraña o fuera de lo normal durante el trayecto, no dude en comunicármelo. Nada más, muchas gracias por confiar en nosotros. Les deseo un feliz viaje.”

Es increíble lo nítidos que pueden llegar a ser algunos recuerdos y qué confusos y oscuros otros. Ahora más que nunca entiendo lo que decía Jane Austen sobre la memoria. Pero a quien le importa ahora lo que decía o no decía Jane Austen. Me muero de calor, no puedo respirar, siento que me falta el aire. Voy a matarla. “Ven abrigada, en Madrid están a cinco grados”. ¡Cinco grados, cinco grados!. No puedo respirar, siento una gran presión en el pecho. Tengo ganas de despertarla a codazos…pero no, no está. ¿A dónde se habrá ido?, seguro que a buscar agua. ¡Agua!, qué rica el agua!. Tengo sed, tengo mucha sed. Pero aquí hay agua, tengo las manos mojadas, ¿o me habré meado sin darme cuenta? No creo, hace tiempo que no sufro de enuresis. Tal vez se haya meado ella, por eso se ha ido. Pero no, esto es demasiado espeso para ser agua… No puedo respirar. Me duelen los pies, me duelen muchísimo y ellos siguen adelante sin importarles. Estiro las manos para alcanzarlos pero es inútil, no llego. Y ellos me miran y se ríen, se ríen y me miran… Les grito que me esperen que no puedo más, pero no me oyen y siguen adelante sin mi. ¡No podré alcanzarlos nunca. Yo no le haría eso a nadie. Nunca digas de ese agua no beberé, ese cura no es mi padre y esa polla no me cabe. Déjame en paz, no ves que no puedo más, no puedo respirar… ¡Cinco grados, cinco grados!. Gracias, ya me encuentro un poco mejor. Claro, como no se nos ha ocurrido antes, desde el aire se ve todo más fácil y las distancias no importan. ¡Qué bonita perspectiva!, pero sobretodo, ¡qué descanso!. Una voz omnisciente nos habla “…si miran a su derecha, podrán observar una preciosa panorámica del Palacio Real, este grandioso edificio es uno de los más bellos de Europa y uno de los monumentos más importantes de Madrid. Está construido sobre los terrenos donde antiguamente fue edificado el Alcázar, destruido por un incendio en 1734. Tres años más tarde se colocó la primera piedra. En 1764 lo habitó por primera vez el rey Carlos III, y desde entonces fue residencia oficial de todos los reyes de España hasta Alfonso XIII. Veintiséis años y ocho meses se emplearon en la laboriosa construcción de…” ¡Qué rollo!. Desconecto, nunca he soportado a los sabelotodo. Miro hacia abajo, hacia el Manzanares y canto: río Manzanares, déjame pasar… ¡Agua, cuánta agua, qué rica!. Tengo sed. Me muero de sed. Y canto: río Manzanares, déjame beber… Pero aquí hay agua, estoy sobre un charco, ¿me habré caído en el río?, no, es demasiado espesa para ser agua. ¿Por qué gritan?. Ya sé, les da miedo la altura, pues a mi me gusta, me siento libre, a pesar de ir en una caja muy reducida y muy movida. De nuevo miro hacia abajo. Hay pequeñas figuras humanas a lo largo de un camino de tierra, y cada vez que pasa un coche se tocan de forma sensual y provocativa. Me pregunto por qué lo harán. Pero pronto abandono ese pensamiento, otras vistas de la Casa de Campo acaparan mi atención. Y otra vez me falta el aire, no puedo respirar, necesito respirar. Tengo que salir de aquí, tengo que lograr abrir esta puerta. ¡Empuja, empuja con fuerza!. ¡Caigo!, ¡me caigo!, ¡me estoy cayendo!. Y nadie me ve, nadie me ayuda… Ahora voy bien, esto de volar tiene sus ventajas. El aire me refresca la cara y todo me resulta más fácil. La angustia se ha ido y planeo a mi antojo por encima del Retiro. ¡Qué cantidad de gente!. Pero son todos muy morenos y muy pequeños. Claro, porque son todos indios. Dirás amerindios. No, digo indios. Los indios son los de la India, estos son de América y se les denomina amerindios. Se les llama indios de forma errónea gracias a nuestro Colón, ya que cuando llegó a América creyó que había llegado a las Indias. Bueno me da igual, a mi lo que realmente me importa es lo que se habla. El habla manda y la lengua y sus reales catedráticos obedecen, tarde, pero obedecen, y el día de mañana, los verdaderos indios serán los de América y los otros no serán más que los hindúes a pesar de pertenecer al valle del Indo. Bueno, a mi también me da igual y lo que realmente me importa en este momento es encontrar agua, tengo mucha sed. ¡Qué calor hace en esta cama!. ¡Una pesadilla!. Tan sólo una pesadilla. No sé por qué me asusto tanto, si siempre es lo mismo. Desde que se inventó el psicoanálisis parece que a todo el mundo se le da por soñar lo mismo. ¡Qué manía!. Tengo que levantarme para ir a beber o me moriré de sed. Oigo voces en la sala, me aproximó con sigilo, una especie de cerebros sanguinolentos están charlando con un hombre sentado en una especie de trono rojo que dice “yo tengo el poder y la gloria…” ¿Será este Jesús? Se callan al verme, no soy más que una intrusa, pero yo no entiendo nada y parecen percibirlo, entonces me miran y se ríen, se ríen y me miran… Vuelven a su conversación ignorándome por completo. Yo no puedo moverme, los pies me pesan y parece que me hubieran clavado al suelo. Discuten acaloradamente sobre quien mató al Barón. Yo sé la respuesta, pero no puedo hablar, mi boca no se abre, quiero gritar que los asesinos son madre e hijo, pero no puedo, mi boca no obedece a mi cerebro y permanece sellada a cal y canto. La sala se ha convertido en la Kinépolis y los cerebros en enormes culos parlantes que discuten sobre la categoría de cada uno a la hora de colocarse en la espectacular sala. Quiero decirles que eso es una solemne tontería pero sigo sin poder abrir la boca. Me voy, esto es absurdo. Lo que necesito es beber, beber hasta hartarme. Tengo sed, mucha sed y no puedo respirar. Tengo que poner fin a esto, me está empezando a angustiar esta situación. Mejor abro la puerta y me voy… “Próxima estación Legazpi, próxima estación Usera, próxima estación Plaza Elíptica, próxima estación Opañel”. Bien, ya he llegado, ¿a dónde? A Carabanchel, estoy de nuevo en Carabanchel. ¿Cómo es posible? Esto es como un laberínto y yo me siento como un Teseo sin hilo que seguir. Y hay mucha gente pero nadie me ayuda porque nadie me ve, aunque me miran y se ríen, se ríen y me miran… Tengo que darme prisa o no llegaré al examen ¡y hay tanta gente!. Espera, me dicen, mejor será comer un buen mondongo para reponer fuerzas antes de seguir. Sí, gracias, está muy bueno, pero ahora tengo más sed y no encuentro agua por ninguna parte, sólo vino, un vino rojo y espeso como la sangre… No lo quiero. Tú te lo pierdes, es un estupendo Mencía. Tal vez prefieras un buen Oporto. No, no y no. Necesito desesperadamente encontrar agua, ayúdame a buscar agua. ¡Eres tonta!, no ves que estoy ciega como tú. ¿Acaso no sabes que estamos en un país de ciegos?. Pídele ayuda a Saramago, él sabe la respuesta. Debo haberme vuelto loca sin darme cuenta. No, seguro que es una pesadilla debido al calor. Sí, seguro que sólo se trata de una pesadilla, como antes. Sí, SiSi Emperatriz. Cuando me despierte todo volverá a la normalidad y podré beber, podré beber cuanto quiera. Qué será este líquido que me rodea, desprende un olor raro y tiene un tacto espeso y su sabor es…dulzón. Ya no hace tanta calor, la verdad es que incluso hace frío, cada vez tengo más frío, tanto que tirito… Ni siquiera siento el cansancio de los pies. Lo cierto es que ni siquiera siento los pies, no siento nada, sólo frío, frío y el murmullo de una voz “Aniceto García… servicios menores… gracias por confiar en nosotros… feliz viaje…, mientras me elevo lentamente y observo qué hermoso es Madrid desde el cielo.

ÚLTIMA HORA:
ESPECTACULAR ACCIDENTE DE AUTOBÚS
A LA SALIDA DE MADRID.
Un autobús ha volcado a la altura de Las Rozas tras el impacto de una bola de acero en el parabrisas. Se desconoce el autor de los hechos aunque las sospechas recaen sobre un piquete de huelga reclamando mejoras salariales. La tragedia se ha saldado con 12 muertos y 20 heridos. La policía investiga los hechos.

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