MIENTRAS EL RÍO DUERME

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Iba ser un gran día. Aunque había algunos bancos de niebla, podíamos ver como el sol luchaba por salir para alegrarnos el viaje.
Habíamos acordado encontrarnos en la entrada de la autopista a las ocho menos cuarto. La cita con el Miño era a la diez en punto de la mañana y no queríamos llegar tarde.
De pie, frente al río, mientras esperábamos a que los monitores preparasen las balsas, contemplábamos, algo nerviosos pero emocionados, la belleza y tranquilidad de sus aguas que con sus murmullos nos invitaban a entrar. El río parecía dormido.
Tenías una pinta verdaderamente ridícula bajo aquel casco, que te cubría hasta la frente y que  acentuaba aún más la inseguridad en tu cara. El chaleco salvavidas, parecía estar confeccionado para gigantes, y hacia que te sintieras muy pequeña en su interior. ¿O quizás te habías encogido de miedo?.
Entraste en el río con mal pie, pues el primer paso fue un resbalón que te hizo caer de culo en el agua. “¡Empezamos bien!”. Pero la belleza del paisaje era tal, que tú mente se olvidó por completo de ese mal paso. “No entiendo como a alguien le puede gustar la ciudad. Podría quedarme aquí para siempre.”

__ ¡Remar, remar, remar!__ La voz del monitor intentaba imponerse a la del río, atronando en nuestros oídos.
__ ¡Remad, remad, remad!__ Repetías siempre, convertida en su eco, para ver si pillaba la indirecta. ¡Pero era inútil!.
__ ¡Remar, remar, remar!__ Chillaba otra vez!.

Pero también era inútil. Cada uno hacía lo que podía, pero el desbarajuste era tal, que no conseguíamos que los remos entrasen al mismo tiempo en el agua, y estos chocaban una y otra vez sin poder evitarlo. A alguno hasta se le llegó a caer, cosa que enfureció al monitor, pues una de las reglas de oro era precisamente la de no dejar caer el remo. “¡Principiantes de mierda!.
__ ¡Ese remo!. ¡Coger ese remo!
Nosotros creíamos que para ser la primera vez no lo hacíamos tan mal, pero el tono del monitor parecía demostrar todo lo contrario.
__ ¡Silencio!. ” ¡Cuando hable yo, todo el mundo a callar y a escuchar, de lo contrario volcaremos en los rápidos y no llegaremos nunca!”
__ ¡Venga!. ¡A remar todos al mismo tiempo, sino no llegaremos nunca a Atlanta! __ Gritó uno de los principiantes, consiguiendo mitigar la tensión que había creado la voz del monitor.
“Este tío ya me empieza a cargar”, pensaste, ” más que un monitor parece un sargento de hierro”.

Pero pronto nos olvidamos de él pues ante nosotros apareció un torbellino de aguas blancas y espumosas que trataban de envolvernos y arrastrarnos hacia las rocas. El río se había despertado, y al parecer, no de muy buen humor. Ahora, los murmullos se habían convertido en verdaderos rugidos que infundían si no miedo, un gran respeto, ya que la primera reacción de todos, fue la de asegurar el pie a los estribos de la balsa y agarrar fuertemente el remo.

Un cosquilleo te recorrió todo el cuerpo, y hubieras deseado que siguieran los rápidos, a pesar de que el descenso había resultado un tanto infructuoso, ya que rozamos completamente la balsa con las rocas que sobresalían del agua.

Llegamos por fin a un remanso muy propicio para darse un chapuzón y todo el mundo se tiró al agua menos tú. Te sentías segura dentro de la balsa. Hasta allí no llegaba la oscuridad del fondo. No te podía tocar. Lo desconocido siempre te ha causado miedo, y traspasar la frontera de la superficie, hacia abajo, hacia la oscuridad, era traspasar un mundo completamente desconocido, desconocido y oscuro, y que por el momento no te apetecía conocer.

Quisieron arrojarse varias veces, pero no lo lograron nunca. Parecía como si te hubieran plantado en la balsa. La pareja de novios fue la que más lo intentó, pero en lugar conseguirlo, acabaron cayendo ellos mismos, aunque muy agarrados el uno al otro.

__ Me tiraré cuando yo quiera __ decías para disimular y espantar el fantasma del miedo. Aunque pensabas que si podías evitarlo no te tirarías.

Después del chapuzón, volvimos a descender por más rápidos. El río se había despertado por completo. Parecía no gustarle demasiado que invadieran sus aguas y nos arrojaba continuamente espumarajos para que abandonáramos sus dominios. Pero cuanto más se enfurecía, más luchábamos nosotros por permanecer en él y hacer el descenso completo.

Llegamos a otro pequeño remanso, con un enorme peñasco desde el que algunos valientes se arrojaron, aún a riesgo de perder su hombría, pues las correas del chaleco les cruzaba la entrepierna, y al zambullirse, el chaleco tiraba fuertemente hacia arriba oprimiendo dolorosamente sus partes púdicas. Resultaba gracioso observar sus gestos al salir del agua, con una mano allí y una mueca de dolor dibujada en sus caras.
Volvimos a embarcar para descender los últimos rápidos en balsa, pues el último tramo se haría a nado, o mejor dicho, a flote.

__ Que todo el MUNDO me preste atención __ anunció el monitor.__ Ahora bajaréis a nado. Siempre boca arriba y con los pies por delante para protegeros  de las rocas. Si os arrastrara la corriente, no luchéis, dejaros llevar, ya os recogeremos. Si os pilla un remolino, no os preocupéis, el chaleco hará que subáis a flote de inmediato. Además el río es muy noble y siempre devuelve lo que engulle. ¿Habéis entendido. ¡Recordar, siempre con los pies por delante!. Y ahora, ¡al agua!.

Te había llegado la hora. No podías, o mejor no querías evitarlo. Tenías que enfrentarte a tus miedos y vencerlos. Total, ¡no era más que agua!, y con el chaleco que te podía pasar. Tú eras tan valiente como el que más. ¿Qué se habían creído?.

De repente, las burbujas lo inundaron todo. Burbujas en tus ojos, burbujas en tus oídos, burbujas en tu garganta, impidiéndote respirar. Por todas partes las malditas burbujas. “El río es muy noble y devuelve siempre lo que engulle”… ” El río es noble…, el río es noble…, el río…”

Y mientras abajo la oscuridad lo envolvía todo, arriba, el noble río seguía su curso, triunfante, después de vomitar un chaleco salvavidas.

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